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Poder popular y comunicación
El trabajo institucional y territorial de la biblioteca popular Pocho Lepratti ya lleva diez años. Una década abrazando el barrio Tablada y abriendo espacios de posibilidad. Entre las actividades desarrolladas en el marco del cumpleaños, se realizó el panel “La comunicación en las organizaciones sociales y comunitarias” integrado por Washington Uranga, Teresita Vargas, Eduardo Balán y Nodo Tau. Allí se debatió sobre la construcción de poder popular, el avance de las organizaciones sociales en Argentina y América Latina y la necesidad de construcciones políticas alternativas.

Diversa y multicolor. Minuciosa, constante. Musical. Poética. Si hubiera que elegir palabras para dar cuenta de la militancia de los compañeros de la biblioteca popular Pocho Lepratti, estarían todas estás. Y también: Alegre, fraterna.

Lucha compartida, aprendizajes y celebración se encuentran en Virasoro 39 bis, en esa casona antigua viven una biblioteca popular, una radio comunitaria y una suma de talleres –entre ellos el de ajedrez- ese juego que nos invita a ver las cosas en perspectiva. Ese juego estratégico y paciente que tanto le gustaba al querido Rodolfo Walsh, desaparecido por el Terrorismo de Estado en 1977.

Entre las actividades realizadas en el marco del cumpleaños de la biblio, el viernes 19 de octubre tuvo lugar el panel “La comunicación en las organizaciones sociales y comunitarias”, en el Centro Cultural Brnardino Rivadavia, integrado por Washington Uranga, Teresita Vargas, Eduardo Balán y nosotros desde enREDando y el Nodo Tau.

En la mesa, rodeada de afiches, fotos con las huellas del trabajo en distintos barrios y plazas, dibujos de “Pocho hormiga”, convertida en un ícono de dimensión nacional, se debatió sobre la construcción de poder popular, el avance de las organizaciones sociales en Argentina y América Latina y la necesidad de construcciones políticas comunitarias y alternativas.

“Necesitamos construir futuros, soñar futuros de mediano y largo plazo, y son las organizaciones populares, de base, en este caso la Biblioteca, las que pueden, con su coherencia, con su práctica, generar continuidad a los procesos, más allá de las contingencias políticas macro. Más allá de que hoy sea este gobierno y mañana sea otro”, señaló Washington Uranga, periodista de Página12, investigador y docente de la UBA, luego de agradecer y celebrar el amplio recorrido de la biblioteca.

Uranga tomó palabras del educador popular colombiano, José Bernardo Toro, para dar cuenta de la dimensión política que tiene la comunicación: “José Toro dice: la mayor riqueza de una sociedad no consiste ni siquiera en su capacidad económica, sino en el mayor número de transacciones entre los actores. Es decir, la sociedad es más rica en tanto y en cuanto sus actores, los sujetos individuales pero también los actores colectivos, sean capaces de ponerse en comunicación”.

Claro está que la capacidad de los pueblos para ponerse en comunicación no tiene que ver con pasarnos el día mandando mensajitos o chateando con celulares ultramodernos, sino con la posibilidad de generar conversaciones, encuentros, celebraciones, abrazos.

“Ese proceso social de generar comunicación es a la vez un modo de construir poder. Porque a medida que aumentamos nuestro nivel de comunicación, de relacionamiento, la cantidad de nuestras transacciones, estamos creciendo en poder. Sacándole al poder cualquier connotación que no sea la de, tener la capacidad para tomar decisiones libremente”, opinó el periodista de Página12.

“Todavía nadie llegó al almacén de la esquina y pidió 100 gramos de poder en fetas. O lo pidió, pero nadie se lo pudo suministrar. Porque el poder, o está entre nosotros o no está. El poder es eso, lo que construimos a partir de determinados sentidos comunes. Y vaya si es difícil construir sentidos comunes. Es decir, construir claves de lectura que nos permitan entender, dialogar entre nosotros, construir colectivamente. Y eso es comunicación”, continuó Uranga con admirable calidez, llamando a las organizaciones a sistematizar sus prácticas para poder transmitirlas.

“Estoy contento de que en Argentina hayamos recuperado la política como un espacio legítimo, importante, como un espacio donde crecemos. Pero creo que nos faltan algunas materias todavía, entre ellas, una en la que podamos profundizar en la manera de pensar y construir la militancia política, y crear otras formas de liderazgos. Creo que eso está viniendo sólo y únicamente de las organizaciones populares, de las organizaciones de base”, señaló Washington con expectativas.

Números contundentes
Se estima que en nuestro país hay más de 15 mil colectivos culturales de distinto tipo: teatro comunitario, muralistas, murgas, músicos independientes. Las experiencias de la cultura comunitaria en Argentina y Latinoamérica de los últimos años tienen un significativo grado de autoconciencia organizativa. En 2011, sólo tres eventos culturales autogestionados movilizaron alrededor de 10 millones de pesos, cinco veces más de lo que el Estado invierte en políticas públicas para el sector popular comunitario.

Las contundentes cifras fueron ofrecidas por Eduardo Balán, artista, educador y comunicador popular, coordinador de la agrupación “El Culebrón Timbal”, productora-escuela que lleva adelante una escuela de arte popular en Moreno (provincia de Buenos Aires). Balán lleva veinte años trabajando desde las bases, junto a sectores populares empobrecidos, y durante el panel puso un montón de números sobre la mesa, buscando visualizar la fuerza organizativa de las organizaciones populares.

“Quizás ustedes tienen la sensación de que somos pocos. De que somos algunos o sólo un sector, pero las experiencias de la cultura comunitaria en la Argentina y en Latinoamérica de los últimos años tiene un grado de autoconciencia organizativa muy llamativo. Por ejemplo en 2011, el Movimiento Nacional de Murgas Independientes hizo un encuentro de murgas independientes en Suardi, hubo 3500 murgueros, cuatro escenarios. Luego, en el pueblo de Rivadavia se hizo el Encuentro Nacional de Teatro Comunitario, hubo 4 mil personas y 35 elencos de teatro comunitario de todo el país. Después, la Unión de Músicos Independientes organizó en plaza de Mayo una movida por la Ley de la música que promueva la producción autogestiva, popular e independiente, cerca de 50 mil personas pasaron por ese escenario”, subrayó.

Según los cálculos del Culebrón Timbal, estos tres eventos autogestionados, paridos desde las organizaciones populares, movilizaron cerca de 10 millones de pesos (en escenario, sonido, alojamientos, organización).

“No tenemos sistematizado el poder que ponemos en funcionamiento las organizaciones populares. La Secretaría Nacional de Cultura de la Argentina invierte para la cultura comunitaria por año, en subsidios a proyectos culturales comunitarios, alrededor de dos millones de pesos. Pero las organizaciones populares de todo el país invirtieron en políticas culturales comunitarias en 2011, entre 8 y 10 millones de pesos. O sea, que hay una política pública cultural comunitaria en Argentina, la está haciendo la gente, la estamos haciendo las organizaciones populares”, despuntó Balán, buscando hacer visible el poder que va creciendo a partir de la participación popular.
Publicado el: 23/10/2012.
Por:
Por: Vivi Benito
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